Gregorio Fernández

Gregorio Fernández

Figura culminante del Barroco Castellano. Nace en Sarria (Lugo) hacia 1576. Desde 1595 se encuentra en Valladolid trabajando como oficial en el taller de Francisco del Rincón. En 1605 se independiza de Del Rincón, instalando su propio taller. Ese mismo año contrae matrimonio con María Pérez Palencia. Al poco tiempo nace su primer hijo, pero muere contando con tan sólo 5 años. En 1607 nace su hija Damiana.

ETAPAS

1.  1605-1616

Comienza trabajando en el Palacio Real de Valladolid. En esta etapa ya consigue su primer contrato importante: el Retablo Mayor de San Miguel. En el año 1610 realiza su primer “Cristo Yacente”, por encargo del Duque de Lerma para la Iglesia Conventual de San Pablo, apreciándose un gran influjo de Pompeyo Leoni.

Es a partir de este momento cuando le empiezan a llover los encargos, por lo que debe ampliar su taller en 1608. En 1610 realiza el Retablo Mayor de la Catedral de Miranda do Douro (Portugal) y el Retablo del Convento de las Descalzas Reales (Valladolid). A continuación realiza una de sus grandes obras maestras: el “Ecce-Homo” que hoy se conserva en el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid, y que supone un magnífico estudio de anatomía, así como de plasmación del sufrimiento. Es en 1614 cuando realiza otro de sus famosos Yacentes, el de El Pardo.

Durante esta primera etapa realiza Fernández sus pasos procesionales más conocidos para las Cofradías Penitenciales de Valladolid: “Sed Tengo” y “Camino del Calvario” (Museo Nacional de Escultura), el magnífico paso de “El Entierro” (La Piedad y los dos ladrones  en el Museo de Escultura, y La Magdalena y  San Juan en la iglesia de las Angustias), y el paso de “La Flagelación” (actualmente el Ecce-Homo se encuentra en la iglesia de la Vera-Cruz, y los sayones en el Museo de Escultura).

2.  1620-1630

Entramos en los años de madurez de G. Fernández. Realiza varias obras fuera de Valladolid, pero es en la capital castellana donde sigue teniendo más encargos por parte de las distintas Cofradías. En 1623 realiza el monumental conjunto de “El Descendimiento”, formado por siete tallas, de las cuales la Virgen Dolorosa fue separa en años posteriores para recibir culto propio: nos estamos refiriendo a la “Virgen de la Vera-Cruz”. También realiza el “Bautismo de Cristo” y “Santa Teresa”, actualmente en el Museo Nacional de Escultura.

En 1625 realiza su obra más ambiciosa: la escultura del Retablo Mayor de la Catedral de Plasencia. En 1627 ejecuta la maravillosa Piedad, actualmente en la iglesia de San Martín. Es ahora cuando Fernández alcanza la cima de su prestigio:  le llegan tantos encargos que no puede atender a muchos de ellos, lo que genera en él un temperamento colérico y malhumorado.

Su salud comienza a deteriorarse hacia 1624, sufriendo varias dolencias que casi le llevan hasta la muerte en el año 1630, año en el que muere su hermanastro.

3.   1630-1636

Fernández continua en la plenitud de su fama, y sus encargos son cada vez mayores, por lo que tiene que ampliar su taller. Sin embargo su salud se sigue deteriorando, y en 1631 pasa en cama una temporada por intensos dolores en su rodilla. Aunque en esta etapa realiza muchas y variadas obras, destaca sobremanera la que para muchos es su obra maestra: el “Cristo de la Luz”, actualmente en la Capilla del Palacio de Sta. Cruz de Valladolid. Esta obra impresiona por su realismo y dramatismo, y es conocida como “La perla de  Gregorio Fernández”.

El imaginero cada vez está peor de salud y muere el 22 de Enero de 1636, siendo enterrado en el Convento del Carmen Calzado, actual Hospital Militar.

Gregorio Fernández es el prototipo de artista religioso y profundamente creyente en la sociedad de la España del Barroco. Tenía la costumbre de participar en muchas obras de caridad y de colaborar con limosnas. Para tallar sus obras se inspiraba en los escritos de San Ignacio de Loyola y Fray Luis de Granada. Así mismo hay constancia de que pertenecía a varias Cofradías de la ciudad.

ESTILO

Gregorio Fernández creo un estilo propio, ampliamente imitado a lo largo de los siglos por otros imagineros. Una de las características de su estilo es la dureza de los plegados de los vestidos en contraposición con la delicadeza de los cuerpos. A unos desnudos anatómicamente perfectos, se les unen unos plegados rígidos en exceso.

Otra característica de su escultura es la verosimilitud de la que hace gala. Las tallas “hablan” a quien las observa. Sus esculturas gozan del mayor realismo posible: ojos de cristal, dientes de marfil, uñas postizas… minuciosidad en la talla del cabello, expresión, anatomía y sobre todo, en las manos. La leyenda dice que Fernández no daba por acabada una talla de Cristo hasta colocar sobre la cabeza una corona de espinas tejida por él mismo.

 

OBRA DESTACADA