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Presentación del libro «El escultor Pedro Verdugo (1888-1855), artífice de la maqueta de la Procesión General
13 de marzo de 2026 Actos y Eventos, Novedades, Semana Santa 2026
Ayer se presentó en la sede de la Junta de Cofradías, con la presencia de la concejala de Turismo, Eventos y Marca Ciudad, doña Blanca Jiménez, el libro “El escultor Pedro Verdugo (1888-1955), artífice de la maqueta de la Procesión General. Un legado artístico al servicio de la Semana Santa de Valladolid”, escrito por el historiador del arte Javier Baladrón Alonso, maquetado y diseñado por Luis Joaquín Fernández y publicado por la Junta de Cofradías de Semana Santa de Valladolid.


Este nuevo volumen editado por la Junta reafirma su compromiso con la investigación y la divulgación del patrimonio y la historia de nuestra Semana Santa.
El libro tiene como objetivo rescatar y poner en valor la figura del escultor vallisoletano Pedro Verdugo, un artista profundamente vinculado a la Semana Santa de Valladolid que, pese a su relevancia, ha permanecido durante décadas en un segundo plano y sigue siendo poco conocido en su propia ciudad. La obra arroja luz sobre su vida y su producción artística, prestando especial atención a su contribución más singular: la creación de la maqueta de la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor.
El volumen se estructura en dos grandes partes. La primera reconstruye la biografía y trayectoria artística de Verdugo, analizando su formación, sus obras y las influencias que marcaron su estilo. La segunda se centra en el origen, evolución y destino de la maqueta de la Procesión General, así como en el conjunto de miniaturas que la componían.

Pedro Verdugo Pérez nació en Valladolid el 31 de enero de 1888, en la entonces calle de los Mostenses (actual José María Lacort), y fue bautizado en la iglesia de San Andrés. Aunque su familia no tenía antecedentes artísticos, desde muy joven mostró inclinación por el arte, probablemente influido por la contemplación de las grandes obras de la imaginería vallisoletana, especialmente las de Alonso Berruguete, Juan de Juni y Gregorio Fernández, a quienes consideraba sus escultores predilectos.
En 1903 ingresó en la Escuela de Artes e Industrias de Valladolid. Tras finalizar su formación y cumplir el servicio militar, contrajo matrimonio con Eugenia Eufrosina Santos, con quien tuvo cuatro hijos. Después de una estancia en Zarautz, regresó a Valladolid, donde comenzó a trabajar en un taller que compartió con el pintor decorador Julio Martín, aunque posteriormente decidió establecerse por cuenta propia.
Entre sus primeras obras relevantes destaca la decoración del Paraninfo de la Universidad de Valladolid, realizada junto a Julio Martín y concluida en 1924. También participó en la ornamentación de diversos espacios de la Academia de Caballería, del Palacio de la Diputación Provincial y de la fachada de la antigua Escuela de Comercio. En esos años colaboró con el escultor Ramón Núñez en proyectos de gran envergadura, como el Sagrado Corazón de Jesús situado en la torre de la catedral y el paso de La Sentencia para la Semana Santa de Zamora.

Entre 1927 y 1929 trabajó en el convento de los Agustinos Filipinos, donde realizó parte de la decoración de la sillería y la imagen del Santo Niño Jesús de Cebú que corona la fachada del templo. A mediados de los años treinta comenzó su relación más estrecha con el mundo cofrade, especialmente con la Insigne Cofradía Penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de la que era miembro. Para esta hermandad diseñó la medalla que portan los cofrades y participó en la restauración de algunas de sus imágenes, como el Cristo de la Agonía y Nuestro Padre Jesús Nazareno, que habían sufrido daños durante procesiones. También realizó reproducciones de la imagen del Nazareno para las varas de los alcaldes y cofrades que presiden la procesión.
Durante un tiempo trabajó asimismo en los talleres de arte religioso del industrial Daniel Pérez Rodríguez, creados con el objetivo de recuperar para Valladolid su prestigio histórico como centro de imaginería religiosa. En ese contexto produjo diversas obras destinadas a reponer imágenes destruidas durante la Segunda República y la Guerra Civil, entre ellas el Santísimo Cristo del Consuelo para la localidad toledana de La Villa de Don Fadrique.

Uno de los momentos más destacados de su carrera llegó en 1942, cuando recibió el encargo de construir la carroza procesional de Nuestro Padre Jesús Nazareno. La obra, inspirada en el estilo de los grandes maestros de los siglos XVI y XVII, estaba ricamente decorada con relieves que representaban episodios de la Pasión de Cristo. La carroza se estrenó en el Vía Crucis Procesional de 1943 y recibió excelentes críticas, convirtiéndose en una de las obras de las que el escultor se sintió más orgulloso.
En 1944 realizó también una maqueta del paso de El Descendimiento, encargada por la cofradía homónima con el objetivo de rifarla para financiar su nueva carroza procesional. El éxito de esta pieza puede considerarse un antecedente directo de la gran maqueta de la Procesión General.
El punto culminante de su relación con la Semana Santa vallisoletana llegó en 1947, cuando la Junta Pro Fomento de la Semana Santa le encargó la realización de las maquetas de los pasos de la Procesión General, considerada el acto central de la Semana Santa de Valladolid. La iniciativa surgió en el contexto de las exposiciones que la Junta organizaba para promocionar la Semana Santa dentro y fuera de la ciudad.
Verdugo creó una serie de miniaturas a escala 1:10 que reproducían con gran fidelidad cada uno de los pasos procesionales, incluyendo esculturas, carrozas, candelabros, relieves, telas y adornos. Estas maquetas estaban acompañadas por más de trescientas figuras de cofrades vestidos con los hábitos de las distintas hermandades. En total se realizaron veintitrés miniaturas.

Durante años, la maqueta fue exhibida en exposiciones dedicadas a la Semana Santa y viajó como embajadora de la tradición vallisoletana a ciudades como Madrid, Bilbao, Barcelona o París. Sin embargo, con el paso del tiempo el conjunto fue dispersándose. A comienzos de la década de 1980 muchas de las miniaturas ya habían desaparecido, como evidencian diversos artículos de prensa en los que la Junta de Cofradías solicitaba la colaboración de particulares para recuperarlas.
El resultado fue el desmantelamiento casi total del conjunto, provocado por pérdidas, traslados de sede y falta de conservación. Algunas fotografías posteriores muestran incluso maquetas incorrectamente montadas con figuras pertenecientes a otros pasos.
En la actualidad solo se conserva un número reducido de estas miniaturas. Varias cofradías poseen algunas de ellas —como las de Camino del Calvario, Santo Cristo del Despojo, Preparativos para la Crucifixión, La Flagelación, Cristo del Perdón, Nuestro Padre Jesús Nazareno o La Santa Cruz Desnuda— mientras que en la sede de la Junta de Cofradías se guardan diversas figuras sueltas y algunos de los pequeños cofrades que acompañaban al conjunto.
El libro concluye con diversos anexos documentales, en los que se recogen fotografías de las diferentes miniaturas, el año aproximado de su realización y las exposiciones en las que fueron mostradas, contribuyendo así a preservar la memoria de uno de los proyectos más singulares vinculados a la Semana Santa de Valladolid.
