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El Ecce Homo (Gregorio Fernández, h. 1612-1615) del Museo Diocesano y Catedralicio presidirá el Pregón de Semana Santa 2026
7 de febrero de 2026 Actos y Eventos, Novedades, Semana Santa 2026
El Pregón de Semana Santa de Valladolid 2026, que será pronunciado por el ilustrador y humorista gráfico José María Nieto, tendrá como pieza central el Ecce Homo (h. 1612-1615) de Gregorio Fernández (1576-1636), conservado en el Museo Diocesano y Catedralicio. Se trata de una obra de extraordinaria calidad, con un estudio anatómico tan preciso como excepcional. Aunque en origen no fue concebida con finalidad procesional, sino como imagen de culto y posterior de altar, esta escultura no es ajena a la Semana Santa vallisoletana, ya que la Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna la alumbró en la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor entre 1975 y 1987 bajo la denominación Preparativos para la Flagelación.

Un documento fechado el 3 de enero de 1621 señala que el encargo partió del cura párroco de la primitiva iglesia de San Nicolás, Bernardo de Salcedo, quien posteriormente donó la imagen a la Cofradía del Santísimo Sacramento y Ánimas de dicha iglesia, a la que él mismo pertenecía. Junto al Ecce Homo, Salcedo entregó también el altar, el retablo, lámparas de plata, tres velas y dos capas “que tiene el Santo Cristo, y una sobrepelliz para el sacerdote que corre las cortinas, un bufete de pedir limosna y un cepo en el que se recoge, y un frontispicio”, donde estaban las lámparas. A cambio, solicitó una serie de misas en su honor, que debían extenderse igualmente a “Gregorio Fernández, escultor, vecino de la dicha ciudad, natural de la villa de Sarria, que hizo la Imagen”. Otra condición exigía que la escultura no saliera del templo “por ningún caso ni acontecimiento y a decir quince misas cada año en días determinados”. Sin embargo, esta disposición no se cumplió, pues en 1841, a raíz de la Desamortización y la demolición de la iglesia, la obra fue trasladada a la “nueva” iglesia de San Nicolás, instalada en el antiguo convento de los Trinitarios Descalzos. Finalmente, en la década de 1960, la imagen fue adquirida por el Museo Diocesano y Catedralicio.


La escultura debió de gozar de notable fama en el ámbito local durante los siglos anteriores, llegando incluso a atribuírsele cierto halo de santidad. Hasta poco antes de su ingreso en el museo, permaneció revestida con una tela púrpura que dejaba visible únicamente la cabeza, además de repintada, lo que llevó a que no se considerara obra de Gregorio Fernández. También aparecía tocada con una corona de hierro y portaba una caña y un cordón de soga.

La imagen, de 1,68 metros de altura, está concebida en bulto redondo y policromada con gran delicadeza y minuciosidad. Debe situarse en una fase inicial de la producción del escultor, cuando todavía se perciben resonancias manieristas en la actitud y en la interpretación de un desnudo de formas suaves y carnosas. La obra remite con claridad al universo clásico, tanto por su disposición como por el riguroso y magistral estudio anatómico. El cuerpo aparece recogido sobre sí mismo, con un arqueamiento de marcado clasicismo que recuerda a las esculturas de Venus; incluso el gesto de cruzar los brazos sobre el pecho evoca modelos vinculados a esta diosa. El conjunto transmite un movimiento sereno y equilibrado en la composición, con las piernas en contrapposto, mientras que la boca entreabierta y los ojos de cristal expresan una profunda resignación.



Puede considerarse, así, uno de los desnudos -completo, pues tiene talladas sus partes pudendas- más bellos y de mejor resolución anatómica en la obra de Fernández. La figura se cubre con un paño de pureza no tallado, elaborado en lienzo encolado a la manera de los antiguos pasos procesionales. Se aprecian heridas y regueros de sangre, aunque tratados con moderación, especialmente visibles en la espalda.

Como curiosidad, el Ecce Homo ha participado en diversas exposiciones, pudiéndose recordar la de «Varón de Dolores» (2006), organizada por la JCSSVA, en la que formó un interesantísimo conjunto con Las Lágrimas de San Pedro (Atrib. Pedro de Ávila, h. 1710-1718)

Javier Baladrón Alonso
http://artevalladolid.blogspot.com/